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![]() Foto: Ivana d'Alessandro |
He aquí los hechos:
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![]() Foto: Agustín Fernández |
Todas las Escuelas rurales de la comarca de la Tierra de Ágreda y el Campo de Gómara, con sus profesores y padres de alumnos escogen Valdegeña para un encuentro escolar basado en la reminiscencia de los hechos y costumbres recogidos en los libros "Una vez había un |
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Foto: Agustín Fernández
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Junio 1999
El escultor Carles Colomo, con taller artístico en Sant Llorenç de
Villardell (Masía al pie del Montseny perteneciente al municipio de
Sant Celoni, Barcelona), realiza e instala en Valdegeña las siguientes
piezas originales:
Estatua
homenaje al niño de pueblo. Bronce.
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Instalada en un espacio intermedio entre la vieja escuela y
la plaza de juegos, expresando la duda del chaval entre ambos
atractivos.
Sin que se sepa cómo, se ha corrido la voz entre la población escolar visitante de que, acariciando la cabeza de Silvestrito, se aprueban las matemáticas, lo que está conllevando un notable desgaste de ésta a fuerza de caricias de los colegiales. |
![]() Foto: César Sanz |
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Bajorrelieve en cerámica en gres de Breda, de 1,5 por 3 metros. Un elaborado trabajo casi de orfebrería que muestra las escenas más notables de este libro de Avelino. Instalado en el frontón de la vieja escuela mixta. |

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En la fachada inaugural de la entrada del pueblo, adecuada al efecto, sobre la silueta pintada del pueblo llenando por completo su extensión, puede leerse esa frase que Jon Loitegui, el protagonista de El Valle del Infierno, exclama cuando debe de abandonar Valdegeña al final del libro. Cada una de las letras, en cerámica cocida, ha sido donada por la escuela pública de algún pueblo -y así consta inscrito en la misma. Bajo la frase dominante, el mural se prolonga con un friso de breves teselas cerámicas firmadas y costeadas por cuantas personas, sin ser de Valdegeña, suscriben la frase de Jon Loitegui. Hasta el presente más de quinientas personas han consignado su adhesión aportando una tesela de barro cocido con su nombre y lugar de procedencia. |
Foto: César Sanz |
Es la sencilla historia de cómo un libro puede contribuir a reforzar
el carácter del pasado de un pueblo y enriquecer el presente con una
aportación cultural que dinamiza y alegra su vida cotidiana.