| Centros de decisión económica
Para Valdegeña hay dos centros importantes donde se toman las decisiones económicas que marcan su devenir. Uno está al norte del pueblo y otro al sur. El del norte está algo lejos de la población, en 200 Rue de la Loi (Bruselas, Bélgica), sede de la Comisión de la Unión Europea, donde se decide todo lo relacionado con las subvenciones agrícolas y ganaderas. El del sur queda más cerca, pero aún así es necesario echar merienda si no quiere uno llegar exhausto, puesto que está situado en los Nuevos Ministerios de Madrid, y no es otro que el de Trabajo y Seguridad Social, donde se decide lo relativo a las pensiones de los jubilados. Hay más centros de decisión económica y más
lugares donde se deciden cosas, pero para Valdegeña no pasan de
la categoría de anécdotas menores, comparados con los anteriores.
|
||||
| Activos y pasivos
Siempre se ha dicho que en Valdegeña había más vacas que habitantes, lo cual era una muestra de la prepotencia ganadera de antaño. Por desgracia ya no es así, porque en el principal predio ganadero, La Dehesa, pastan poco más de media docena de bóvidos propios y, a veces, unas decenas de reses forasteras que no alcanzan a cubrir más que alguna esquina de la vasta extensión de lo que otrora fuera la principal fuente de riqueza del pueblo, capaz de albergar a los animales que aportaban el sustento de las familias zorreras (eso sí, con los límites de 8 vacas por familia que marcan, al parecer, los estatutos de la propiedad colectiva). De todas formas, estos párrafos pretenden hacer recuento de los recursos económicos con los que cuenta el lugar. En un primer recuento, a ojo de buen cubero, pueden distinguirse los siguientes activos: · 40 habitantes, casi todos veteranos, según el último
censo (aunque en verano, o sea del 1 al 15 de agosto si
viene apacible el año, puede triplicarse la población);
|
||||
| Hay, en Valdegeña, un cierto arraigo de viejas tradiciones castellanas,
entre las que destaca la presencia de formas de explotación común
de ciertos recursos del municipio, que parecen pertenecer más a
la colectividad que al Ayuntamiento, pero éste los administra por
defecto de gerente mejor.
Son los restos de ejidos y tierras comunales, que en muchos pueblos han desaparecido, pero que suponían en la Edad Media, cuando se fundaron estos asentamientos, un seguro de subsistencia para los vecinos, usufructuarios de la parte que les tocase del común. Antaño, tanto ciertas eras como los montes del común, tanto las dehesas como las tierras comunes de labor, eran compartidas por los vecinos, entre los cuales se sorteaba de forma periódica su aprovechamiento. Hoy todavía pervive la institución económica, y
los que tienen la condición de vecinos del municipio pueden contar
con algunas pequeñas ventajas: utilización con límites
de la Dehesa, uso de las suertes de la Vega, posibilidad de cortar
leña de los montes comunales, etc. La verdad es que no es mucho
el provecho económico que todo esto da, pero es menester alabar
la pervivencia de una institución social que arraigó hace
muchos siglos, no está escrita y se conserva de forma escrupulosa.
|
||||
|
||||
| Es cierto que, con tanta automatización, se le puede sacar al campo diez veces más de lo que se pretendía sacar hace sólo años. Además con las modernas técnicas de cultivo el resultado de la cosecha está menos sujeto al azar. Pero los precios de los cereales, en los mercados libres, no han subido ni un céntimo en ese mismo período de tiempo, con lo que los agricultores tienen que malvivir con las subvenciones y los precios mínimos garantizados de la Unión Europea. ¡Por si no fuera poco eso de estar mirando al cielo toda la temporada, hay que mirar también los telediarios y los boletines oficiales para enterarse de la migajas que pueden tocar de los dineros del erario público europeo! Los dichosos fondos (quizá los dichosos sean los beneficiarios) cambiaron algunas costumbres, como monocultivo cerealista, con la introducción de girasol, pero sorprendentemente no del todo, pues por aquí no se llegó a ver el lino. | ||||
|
||||
| Ganadería
Las condiciones naturales del campo y de los bosques de Valdegeña para la ganadería son inmejorables, y la producción no depende de las condiciones del clima. Aquí se puede criar todo tipo de ganado: ovino, vacuno, porcino ... pero no se cría casi nada. Vayamos por partes. Las cabras, que pastaban en número de varios cientos por entre las encinas del monte desaparecieron, sacrificadas por Sanidad tras una epidemia de fiebres, en los años sesenta, y nadie quiso, desde entonces, reponerlas. El queso que se hacía con su leche no tuvo ni siquiera la oportunidad de ser propuesto para una denominación de origen. Las vacas fueron abandonadas hace menos tiempo, en los años ochenta, sacrificadas en el altar de un dios de la mitología centroeuropea que se llamaba, y se llama, "Cuotas Lecheras", para conseguir a cambio unas pequeñas indemnizaciones que premiaban la falta de actividad voluntariamente pactada, que resolvía seguramente algún que otro problema personal e incluso las situaciones políticas de aquel momento, pero que hundía en la más horrible de las nadas ganaderas a una región, la más grande en extensión de Europa, que otrora se llamó Castilla y fue también grande, pero de otras maneras más dignas. La arraigada, en otros municipios vecinos, cría de cerdos para su venta en mataderos y fábricas de embutidos, no ha calado mucho en Valdegeña. Algún intento hay, pero entre la edad de los criadores (demasiado alta) y la estructura de los precios del mercado (demasiado baja), no será raro que en unos años desaparezcan todos los intentos. Lo agradecerá la nariz de los veraneantes, pero de nuevo se resentirá la pobre economía de todos. Machos (mulos), caballos y pollinos desaparecieron con la mecanización del campo. En los últimos años se registra, también, alguna
explotación apícola, aprovechando la abundancia de flores
aprovechables en los arbustos que crecen en los montes (jaras, tomillos,
etc.)
|
||||
| Silvicultura
La mayor parte de la superficie de Valdegeña está cubierta por monte bajo: carrascas y rebollos. También hay algún conato de arboleda: encinas, olmos, álamos y alguna pineda aislada y perdida. Espinos albares (majuelos) sabinas (enebros) y endrinos también pueden ser vistos en el término. Los aprovechamientos, sin embargo, son escasos. Antes se hacía leña y cisco, como lo atestiguan los abundantes restos de cisqueras en el monte. Hoy sólo se hacen algunas cortas y rozas en las partes más accesibles del monte. Dentro del monte crecen, para delicia de caminantes en fin de semana,
setas y hongos. Antaño había muchas trufas, que hoy se intentan
criar en encinas preparadas al efecto.
|
||||
| Pesca
Ya que hablamos de todo, es menester recoger la vida fluvial, no porque sea importante desde el punto de visa económico, sino para rendir de nuevo tributo a esa nada que es la economía de Valdegeña. Los viejos nos dicen que antes, en el río de La Dehesa, había peces y cangrejos por sacos. Yo, aunque más joven, he visto los unos y los otros, pero debo suponer que la referencia a los sacos tiene más que ver con el método de transporte de los bichos que con el volumen de la pesca, porque nunca he presenciado pescas más que modestas de tales especies. Los niños también pescan ranas en el río y renacuajos
en el pilón, y además ya no quedan ni peces ni otros animales
acuáticos en el río, que baja un año sí y otro
tampoco desde que hay sequía, esto es, hace un montón de
años.
|
||||
| Caza
En el hoy acotado término de Valdegeña, hay ahora, y hubo en mejor medida antes, buena caza: codorniz y perdiz, conejo y liebre, pato y paloma, jabalí y ciervo. Es uno de los deportes más practicados, que ha quitado hambre
y necesidad en otros tiempos, y quita centímetros de cintura en
grasas indeseables hoy. Un paseo matinal por el monte, a pasear la escopeta,
es una de las actividades más interesantes y reconfortantes.
|
||||
| Oficios
Las sociedades agrícolas y ganaderas, como en el caso de Valdegeña, generaban oficios necesarios para el mantenimiento del aparato productivo, desde los cantineros a los agosteros pasando por herreros, afiladores, veterinarios, cabreros, vaqueros, etc. Nada de eso queda hoy en el pueblo: se han ido como por ensalmo. Por otra parte, aquel sistema económico, con tantos oficios incluso reunidos en una misma persona, generaba un sinfín de productos. Del campo de labor se obtenían cereales, legumbres, y verduras; de los animales, leche, queso, carne y huevos; del monte, leña y cisco; y de las personas muchas producciones esporádicas o permanentes, como los trabajos en la carretera o en el ferrocarril, peonadas como albañiles, la ropa que las mujeres cosían para todos los de la casa... Por el contrario, hoy proliferan otros oficios, antes desconocidos,
como los de jubilado (casi todos los habitantes en invierno) y los de veraneante
(casi todos los habitantes en verano). A la vez, se ha uniformado la producción:
ya casi no se produce nada (en variedad o cantidad).
|
||||
| El futuro, pero ¿hay futuro?
Cuando se habla de economía, es obligatorio hacer referencias
al futuro, pero en este caso nos lo podemos ahorrar porque no sé
si existe tal futuro, desde el punto de vista económico, o al menos
soy pesimista respecto a que los habitantes actuales puedan hacer por su
futuro nada importante. Pero es igual, los italianos hablan del dolce far
niente (o sea, del no hacer nada) como un modo de ser y de estar envidiable.
|
||||
|
||||
| J. Antonio Gonzalo Angulo |