UN POCO DE HISTORIA
Cuando la geología dice que todo el valle del Duero era mar, las aguas de éste se adentraban hasta los pies de los montes en cuya ladera se asienta hoy Valdegeña -el Carrascal, la Chaparrosa, la Calva- y se adentraba por la Fuente Vieja y el Agua Salobre hasta el camino de Trévago por el Huerto del Sastre. Este punto y el camino de San Román en el Peñascal de la Cueva era el paso obligado de los animales que habitaban las montañas de hoy (entonces la tierra seca) para bajar a las agua. 
 Y en la cueva del Peñascal -100 metros escasos de profundidad, en dos brazos- se han hallado los vestigios del primer asentamiento humano en Valdegeña.(Varios vecinos del pueblo poseen flechas y hachas de silex a las que llaman "piedras del rayo") Al igual que entre el Huerto del Sastre y el Camino del Espino se encuentra el castro celtíbero más significativo del término. 
 En la otra orilla del agua, en los Escobares-Los Villares hablan los historiadores de hallazgos de viviendas acuáticas (palafitos) y está documentada la presencia de una ciudad celtíbera que apoyó a Numancia hasta el momento último, cuyos restos de armas y cerámica se hallan en el Museo Arqueológico  de Madrid. (No falta quien ha querido decir que era la célebre y rebelde Lutia) Sobre ella los romanos erigieron su principal asentamiento en la comarca, que sigue suministrando sorpresas cada vez que el tractor ahonda más su reja en el terreno. 
 Es de sumo interés comprobar que las piedras de molino que aquí emergen corresponden a la misma roca en la que -sobre la balsa de los Majadales- se puede contemplar todavía la existencia de una cantera para la extracción y confección in situ de este tipo de materiales; algunas de dichas piedras, completas y casi ya exentas, sin desbastar, se hallan alli asombrosamente conservadas. 
 Asentamiento igualmente romano es el Pozal -pozo para extracción de agua, perfectamente en activo hoy, en cuyo entorno se han encontrado diversas piedras funerarias, documentadas, algunas de las cuales ornan fachadas actuales (Por ejemplo en la casa de Silvestre García y Mercedes Lucas, que siempre será) Es extraño que en este importante asentamiento romano no se haya descubierto ni cerámica ni vestigios de mansión o de mosaico. 
 Ningún resto identificado existe de la presencia visigótica, rastreable en pueblos contiguos de la Sierra (Suellacabras...), salvo quizá el santuario y pozo de San Román, posteriormente prolongado por la presencia documentada del medievo (en casas de Valdegeña hay estelas del S. XII procedentes de aquí) 
 

 El dominio árabe de estas tierras viene avalado por la abundante toponimia -Valdegeña mismo quieren algunos que proceda de la tardía mixtificación de romanico Val-valle y el árabe Jaenna-paso de caravanas de comercio, en alusión al camino comercial del llano con la sierra por ElEspino y Trévago. Y monumentalmente ahí se muestra la red de torres vigías del cauce del  Rituerto, una de las cuales, la más interior, se hallaba emplazada en la actual Torrecilla. 


 Del medievo cristiano el resto más notable es el pórtico y el cuerpo central de la actual parroquia de San Lorenzo y de mayor alcance todavía el Convento Templario de San Adrián de Valleja, en una vaguada de la Sierra del Madero, con fuente y restos sin excavar, sobre el cual hay abundante información no estudiada en los archivos del monasterio de San Millán de la Cogolla en la Rioja. 
 

 
 
 A partir del siglo XV ya hay documentación continuada en los libros de la parroquia y de la ermita de la Virgen de Gracia, relativos éstos a la cofradía de la Vera Cruz -estudiados por Antonio Lucas Martínez. 
 En el arhivo de Simancas, su director Armando Represa, halló material relativo a censos y pagos de impuestos de Valdegeña en la época de Felipe Segundo (le fueron entregados a Avelino Hernández Lucas). Figuraba este pueblo entonces dentro de "los 150 pueblos" de la comunidad de Villa y Tierra de Soria integrando el sexmo de Lubia con el nombre de Valdejaena. Se trata de un interesante texto en el que se consigna la existencia de una taberna de uso permanente con un curioso sintema de abastecimiento y distribución del vino aragonés, así como de una carnicería que unicamente trabajaba a tiempo parcial, en los meses de mayor presencia de braceros en el campo. Como curiosidad derivada debe consignarse el hecho de que de todos los apellidos consignado en estos censo practicamente ninguno perdura en la actualidad (Lo cual nos hablaría de un profundo decaimiento del pueblo en algún momento, con posterior repoblación a partir de las familias cuya descendencia constituye la población actual) 
 
En cuanto a épocas posteriores, la casa fechada de mayor antigüedad (la de la tiá Gregoria en la calle Somera) data de 1676. (La tradición oral señala, no obstante, como edificio más antiguo el que con acceso 
en arco se halla junto a la actual fragua; señalando que pudo haber sido una ermita dedicada a san Bartolomé -según unos- o una posada en el camino de Trévago, según otros) Las edificaciones dominantes  corresponden a 1756 (la del tio Eustaquio Hernández) en adelante; época en la que toda la demarcación comarcal estuvo sometida a una intensa labor de repoblación para el desarrollo de la agricultura. 
 

  De la presencia del ejército napoleonico en Valdegeña camino de la conquista de Soria da cuenta 
la tradición oral: el tio Benito Lucas  había oído contar a su abuelo cómo llegó un destacamento uniformado 
que formó en la plaza vieja y cómo algún mozo del pueblo le robo por broma al corneta francés su instrumento estando a punto de costar un disgusto a la población, conflicto que fue solventando por el procedimiento de 
que el robador arrojara su botín entre la tropa desde el anonimato de la multitud abigarrada de curiosos. 
(Como dato chocante: años después consta en el libro de entierros el sepelio en el camposanto de un pobre, joven, francés, que la tradición quiere que pudiera ser alguno de los soldados que permanecieron o fueron hechos prisioneros en Soria) 

  A partir de estas fechas a las que alcanza la memoria del abuelo Benito, la historia de Valdegeña está perfectamente documentada, pues él, su hermano canónigo Pedro Lucas, su sobrino archivero e investigador Florentino Zamora Lucas, Pedro Lucas Delso, Francisco Lucas Delso, Pedro Lucas Martínez y Ricardo Hernández Lucas han escrito jugosas memorias que dan cuenta de cuanto pormenor ha venido ocurriendo aquí a lo largo del siglo y medio último. 
 

Avelino Hernández